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Personas con discapacidad de Camboya recuperan la autoestima gracias a la danza

Las artes y la danza les han devuelto la aceptación de sus comunidades, rompiendo así viejos estigmas de ésta sociedad cuyas creencias budistas asocian a la discapacidad con un mal Karma, derivado de la maldad de una vida pasada.

Gracias a la organización británica EPiC Arts en Kampot, once personas con diversas discapacidades buscan no solo recuperar la autoestima perdida sino que desean lograr que el resto de la comunidad tome conciencia sobre las habilidades que pueden llegar a desarrollar a pesar de sus deficiencias físicas.

“En Camboya, la gente piensa que las personas con discapacidad sólo pueden pedir dinero en la calle y no se dan cuenta de que pueden hacer más cosas”, afirma Hannah Stevens, directora del centro de formación.

Once alumnos han recibido hasta el momento clases de danza y han formado un grupo de baile que ha actuado en localidades de toda Camboya y en algunos países como el Reino Unido.

Sovy, de 26 años, es sordomudo y sólo tiene su cuerpo para expresarse.

“Antes tenía dificultades para comunicarme, para que la gente me entendiera. Bailar me ha ayudado en eso”, asegura el joven que se expresa a través del lenguaje de signos.

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Como Sovy, la mayoría de los alumnos del programa son sordos, por lo que tienen que guiarse por una música que sólo existe en sus cabezas.

Dos bailarines en silla de ruedas completan el elenco de artistas.

Los once alumnos ensayan cada día las coreografías que se destinan a dos públicos diferentes: el camboyano, para el que preparan bailes tradicionales del país, y el internacional, al que seducen con espectáculos de danza contemporánea.

Para su formación, el centro cuenta con profesores estables y además reciben la ayuda de bailarines de otros países que transmiten sus conocimientos de forma voluntaria.

Más allá de conseguir que desarrollen nuevas formas de comunicarse, el baile busca estimular la autonomía de los alumnos y que éstos se sientan capaces de emprender proyectos.

“Antes no tenía amigos y me sentía siempre inseguro. Ahora sé que puedo hacer las cosas”, asegura Poan Nadenh, de 23 años, uno de los alumnos en silla de ruedas.

EPiC Arts comenzó su andadura en Camboya en el año 2006 como un lugar de encuentro para personas con discapacidades, a quienes se ofrecía talleres de aprendizaje y de comunicación.

A través de estas actividades se reclutó a los alumnos, que en marzo de 2009 comenzaron una formación que incluye clases de artes visuales, fotografía, manualidades, teatro y artes circenses.

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“La intención es que después se conviertan en empleados nuestros y que continuemos con las actuaciones de forma profesional”, afirma Stevens.

Los alumnos, una vez graduados, podrán encontrar así un trabajo estable relacionado con el arte, además de convertirse, más adelante, en una pieza clave de la organización ya que su experiencia les servirá para educar en las mismas disciplinas a otras personas con discapacidad.

Aunque pocos pensaban que el arte podría ser una forma de ganarse la vida, la mayoría se plantea ahora trabajar como coreógrafos o como profesores de dibujo y manualidades.

“Mis padres al principio no aceptaron que estudiara arte. No entendían que pudiera encontrar un trabajo en esto. Ahora les parece normal”, asegura Nadenh.

En Camboya, se estima que una de cada diez personas tiene algún tipo de discapacidad, la mayoría como resultado de accidentes, enfermedades, muchas veces mal tratadas por el precario sistema sanitario, o de las minas antipersonal diseminadas por varias regiones del país.

Fuente: http://www.abc.es/