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Historia de Abderraman Ait Khamouch atleta discapacitado

Historia de Abderraman Ait Khamouch 

Abderraman Ait Khamouch, es un atleta paraolímpico con un futuro prometedor, nacido en un pequeño pueblo al sur de Marruecos cerca de Marrakesch, pasaba sus días de niñez jugando descalzo a la pelota con sus amigos y desde entonces nadie podía seguirle el paso debido a sus dotes como atleta. Un día mientras jugaba uno de esos pequeños partidos cayó dentro de un pozo y se rompió la muñeca.

Una deficiente asistencia médica en su país, la complicación de su lesión con una nueva caída y que ya tenía el brazo derecho engangrenado, no dejó otra alternativa a los médicos que amputarlo. Poco tiempo después, unos turistas franceses organizaron una carrera con los niños de su pueblo. Abderrahman fue el más rápido y su trofeo, que recuerda con muchísima alegría, fue un camioncito azul de juguete. Desde ese día, el joven magrebí no pudo quitarse de la cabeza la idea de correr.

Tenía talento, él lo sabía, pero también sabía de las dificultades de practicar un deporte en un país donde la gente lucha por sobrevivir, por ganarse la vida, por ayudar a los suyos.

Un día fue a la Federación Paralímpica de Marruecos y les expuso su deseo de correr profesionalmente. Lo rechazaron. Le dijeron que no tenía marcas en su haber, ni historial, ni referencias… no hubo oportunidad para Abderrahman esta vez.
Entonces decidió jugárselo todo a una carta, “No tenía nada que perder, no tenía esperanzas, podía o seguir viviendo como vivía o pegar un salto, cambiar, no perdía nada o a lo mejor sí”. Fue hasta El Aiún, para salir en patera hacia las Islas Canarias, fueron cuatro los intentos que realizó Abderrahman para llegar a las costas del Archipiélago. Cuatro viajes muy duros dónde vivió de cerca el dolor, el sufrimiento y la muerte de algunos de sus compañeros hasta entrar a España por Fuerteventura.

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Después de un desfile incesante de centros de acogida porque aún era menor de edad, compró un billete de avión con un amigo y se fue a Madrid para, desde allí, viajar mas tarde a Barcelona, dónde empezarían a cumplirse los sueños de Abderrahman Ait.

EL PODER DEL DEPORTE

Un día, Abderrahman estaba en la Plaza de Catalunya, en Barcelona, con la mochila en la espalda “como siempre” y vio un letrero enorme que anunciaba la carrera anual de El Corte Inglés, en la que podía participar cualquier persona independientemente de su nacionalidad así como atletas aficionados o profesionales. Decidió apuntarse.

Cuando Abderrahman llevaba corriendo un buen rato empezó a preocuparse más por su mochila que la había dejado en la salida que por llegar a la meta. Dudó unos segundos, “Es que mi mochila era lo único que tenía”, nos dice entre risas. Por suerte, decidió llegar hasta el final. Terminó entre los ocho primeros, mucha gente se fijó en él, gente influyente del atletismo en Cataluña. Se acabó lo de vigilarparkings o repartir correo comercial, ya estaba prendida la mecha de la antorcha.
Poco después, con el apoyo del presidente de la Federación de Atletismo de Cataluña comenzó su entrenamiento en el Centro de Alto Rendimiento de Barcelona. Llevaba tan sólo un año en este centro, cuando sus entrenadores decidieron solicitarle la nacionalidad española para que pudiera representar al país en los Juegos Paralímpicos de Pekín.

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Y me la dieron, el deporte tiene mucho poder” nos asegura Abderrahman, “a quien le cambia la cara por completo cuando recuerda su experiencia en las Olimpiadas de 2008. El adulto se fue, los ojos le brillan, parece otra vez el niño al que una vez unos turistas franceses le regalaron un camioncito azul. “Cuando me dieron la medalla, pensé en todo, en todo lo que había sufrido para llegar hasta allí, en los malos momentos, en la pobreza, y sobre todo en mis padres que para verme en televisión se desplazaban todos los días a otro pueblo de Marruecos”.
Llegó a la meta en segundo lugar en la prueba de 1500 metros, “el primero de mi pueblo en ganar una medalla olímpica, fue increíble”.

La carrera deportiva de Abderrahman Ait continúa. Se ha reincorporado al Centro de Alto Rendimiento en Sant Cugat, donde todos le quieren y saben su increíble historia.

Allí se recupera de su reciente operación de rodilla y espera estar a punto para el Campeonato del Mundo de Atletismo, que se celebrará en enero en Nueva Zelanda. Para conocer en profundidad su historia, existe un libro escrito por él en árabe y que el periodista Manuel Franco tradujo al castellano que se titula El Ángel del ala partida. Un ángel que ha estado en el infierno y aún sonríe generosamente. Esa también es la grandeza de Abderrahman Ait.

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