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Discapacitados emprendedores historias de superación

Discapacidad no es barrera para espíritu emprendedor

Una de las cosas que más le gustan a a Greg Prater, es surtir las máquinas expendedoras que posee con latas de refresco, bolsas de frituras y otras botanas. Se le ve el brillo en los ojos cuando abre la caja del dinero para vaciar las monedas de la ganancia del día en una botella de plástico.

Un trágico accidente de automóvil cuando era adolescente lo dejó con una lesión cerebral y con problemas cognitivos y físicos, tiene 46 años y desde el 2004 maneja su propio negocio, Greg’s Vending Machines, teniendo un exitoso que le hizo ganar un premio estatal.

En los años 90 los empleos para personas con discapacidad empezaron a escacar, conforme las compañías delegaban tareas a otras firmas o eliminaban puestos como cotejar y empacar artículos, en muchos estados de los Estados Unidos se comenzó a buscar formas de ayudar a las personas con discapacidad para que sean autosuficientes.

En 2003, Maryland decidió incluir a personas con discapacidades más severas para ver si podían iniciar un negocio.

Funcionó tan bien con Prater, cuyo éxito inspiró a otros trabajadores discapacitados, que el programa celebró en junio su primera constitución de empresas individuales iniciadas por emprendedores discapacitados. Prater y otros dos hombres con discapacidades serias firmaron en la última semana de junio los documentos para constituir legalmente a MAG Vending.

“Estamos realmente felices por esto”, dijo Donald Rowe, director ejecutivo asistente de Arc, el grupo no lucrativo que adminitra los programas de discapacitados en Maryland.

“Esto demuestra que, con un poco de ayuda, la gente con discapacidades cognoscitivas y de desarrollo puede operar sus propias empresas”, dijo.

A partir de 1996, Prater pasó siete años en talleres empacando y etiquetando productos. Terminó en Arc del Condado Carroll, donde impresionó a Rowe con su espíritu emprendedor.

“Cuando no estaba trabajando, estaba ocupado vendiendo goma de mascar al personal y sus compañeros”, recordó Rowe.

Autoempleo

En 2003, el programa Alcanzar la Independencia a través del Auto-empleo de Maryland (RISE, por sus siglas en inglés) dio a Prater la oportunidad de realizar su sueño de convertirse en su propio jefe.

  • Un día recientemente, Prater, quien tiene una sonrisa fácil, estaba desempacando latas y cargando una de sus cinco máquinas.

Lo llevó ahí Earl Haines, un ex repartidor de periódicos que trabaja en Arc en Westminster. Haines ayuda a Prater a comprar, dar seguimiento y desempacar inventario y visitar sus máquinas.

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Una vez a la semana, Haimes también lo lleva a un banco cercano, donde Prater lleva su cubo, pesado por las monedas, y observa como el cajero las cuenta y deposita el dinero en su cuenta.

“Hacer dinero” es lo que Prater dice que le gusta más. Maneja unos 15,000 dólares anuales, con unos 6,000 dólares de utilidades. También recibe pagos por discapacidad de la Seguridad Social, y puede sostenerse solo en un departamento subsidiado.

Aparta dinero cada mes para reinvertir en su negocio y comprar máquinas nuevas o usadas, que cuestan entre 1,500 y 5,000 dólares.

Rowe lo aconsejó desde el principio y le ayudó a elaborar un plan de negocios. Prater recibió una concesión estatal para comprar tres máquinas, y su contabilidad y pagos de impuestos los realizan voluntarios.

Para los discapacitados, la flexibilidad de operar un negocio puede ser crucial para que funcione, y sobrevivan económicamente. El programa RISE de Maryland para los más gravemente discapacitados ha ayudado a unas 1,500 personas a aprender habilidades como contabilidad y mercadotecnia.

“Ha habido un avance hacia una mayor independencia, especialmente al ayudar a los discapacitados a operar sus propios negocios”, dijo Chris Privett, portavoz de Arc, anteriormente conocida como Asociación para Ciudadanos Retardados.

En Estados Unidos, más de 5 millones de estadounidenses tienen una discapacidad grave, según cifras de la Oficina del Censo. Tienen una tasa de empleo del 42 por ciento.

Los gravemente discapacitados también tienen más probabilidad de tener problemas de salud, necesitar cobertura de Medicaid, recibir beneficencia y tener un ingreso familiar menor a 20,000 dólares, informó la Oficina del Censo.

Seguros

Ron Pagano, de 53 años, que tiene artritis degenerativa como resultado de enanismo congénito, empezó su propio negocio con ayuda del programa RISE.

En los años 70 y 80, Pagano vendió seguros de vida, inició una compañía de distribución de partes electrónicas y trabajó en servicios de planeación de bienes raíces, pero eventualmente su artritis empeoró tanto que algunos días no podía salir de la cama, dijo.

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Fue declarado discapacitado en 2000, y posteriormente el programa RISE le ofreció ocho semanas de capacitación para evaluar los aspectos demográficos y financieros de una franquicia Coffee News. Presentó un plan de negocios a Coffee News — una hoja de color café claro que brinda artículos de interés humano junto con publicidad local y se distribuye en restaurantes, cafeterías y moteles — y recibió una concesión para empezar de 15,000 dólares para su franquicia en el Condado Howard, en Maryland.

Ya que su movilidad es limitada, Pagano se encarga de las tareas de oficina, incluida la contabilidad y la facturación, así como el diseño e impresión. Su esposa, Karen, que no está discapacitada, maneja la mercadotecnia, las ventas y la distribución a 180 locales semanalmente.

La autosuficiencia toma tiempo

Hasta ahora, Pagano no gana lo suficiente — declinó decir cuánto exactamente — para renunciar al beneficio federal por discapacidad y la atención médica, pero dice: “Estamos haciendo algo limpio”.

Sin el programa de Maryland, dice, “estaría aquí sentado girando mis pulgares”. Lograr la autosuficiencia toma tiempo, reconoció Rowe. El programa RISE “es un proyecto pionero”, dijo. “Es un gran compromiso y es costoso, así que hemos tenido que adoptar una visión a largo plazo.

“Pero ha cambiado la percepción de lo que las personas discapacitadas tienen la capacidad de hacer, en una forma positiva”.

Otros estados y localidades también están ayudando a los discapacitados a iniciar sus propios negocios. La Corporación de Desarrollo Económico de Brooklyn fue de las primeras en el campo, ofreciendo capacitación empresarial durante casi dos décadas.

Fitzgerald Octave, por ejemplo, quien desarrolló glaucoma como resultado de su diabetes en 2002, quería iniciar su propio taller de hojalatería automotriz. Tomó el curso de tres meses del programa de Brooklyn para aprender contabilidad, manejo de flujo de fondos, mercadotecnia y otras habilidades que necesitaba para iniciar y mantener un negocio.

Fuente: elsalvador.com