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Tercera edad diabetes cuidados y prevención

Diabetes en los ancianos

Este grupo poblacional está incrementándose en la pirámide de población, debido a la baja tasa de natalidad y el mejoramiento en la calidad de vida en muchos países.

Las condiciones de vida de las personas de la tercera edad tienen muchas complicaciones, ya que pierden rápidamente oportunidades laborales, actividad social y la capacidad de socialización, muchas veces estos se sienten postergados y excluidas, en los países desarrollados las personas de la tercera edad gozan de mejores condiciones de vida, gracias a subsidios del estado, tienen acceso a pensiones, garantías de salud y otros beneficios.

 Cuando alguien de nuestra familia o un ser querido es diagnosticado con diabetes, lo natural es que queramos hacer todo lo posible para que este tenga buena salud y calidad de vida. Sin embargo, muchas veces no sabemos por donde empezar.

La diabetes mielitus en las personas mayores tiene una presencia muy elevada,  entre un 10% y un 18% de la población se ve afectada por esta enfermedad.

Cuando se habla de diabetes en la tercera edad, se refiere a dos situaciones diferentes.

  • La primera,  incluye a aquellas personas con diabetes conocida anteriormente y que en la actualidad han pasado la barrera de los 65 años. Los avances en el tratamiento de la diabetes han hecho posible que esto sea cada vez más frecuente.
  • La de aquellas personas a las que se les diagnostica la enfermedad por primera vez después de los 65 años.

El primer grupo ya lleva, generalmente, años de evolución de la enfermedad y conocen o deberían conocer las cosas más relevantes de su enfermedad.

Sin embargo, aquellas personas en las que el diagnóstico es reciente deben intentar aprender (dentro de sus posibilidades) todo lo relacionado con ella. Con la peculiaridad de que, en ocasiones, y dado el estado físico y psíquico, resulte difícil.

La diabetes que aparece en la tercera edad fundamentalmente es una diabetes tipo 2 (para más información ver capítulo 1). Suele ser una diabetes de instauración lenta y solapada, que produce muy poca sintomatología y que, en muchas ocasiones, se asocia a obesidad. Aunque puede presentarse con los síntomas típicos (poliuria, polidipsia y polifagia), las formas más frecuentes de presentación suelen ser:

  • Descubrimiento ocasional, al realizar una analítica rutinaria o previa a alguna intervención quirúrgica.
  • Presencia de síntomas más inespecíficos (cansancio, dejadez, picores en la zona genital, etc).
  • Presencia de consecuencias en el tiempo de la diabetes:
  • Microangiopatía: retinopatía, nefropatía.
  • Macroangiopatía: cardiopatía isquémica, accidentes cerebrovasculares, lesiones isquémicas en miembros inferiores.
  • Neuropatía: alteración en miembros inferiores, etc.
  • Aparición de descompensaciones metabólicas agudas: Fundamentalmente el coma hiperosmolar y en mucha menor frecuencia la cetoacidosis.

¿Cómo se puede retrasar o prevenir la aparición de diabetes?

La diabetes tipo 2 tiene un gran componente hereditario, pero independientemente de éste, se puede retrasar o prevenir su aparición simplemente llevando un estilo de vida saludable, realizando (dentro de las posibilidades de cada persona) ejercicio físico de forma regular y, sobre todo evitando el sobrepeso.

Plan de tratamiento 

Las personas de la tercera edad con diabetes precisan, en general, las mismas medidas que las personas jóvenes que tienen diabetes. Es decir, el seguimiento de una dieta adecuada, la realización de ejercicio de forma regular (si es posible), tratamiento farmacológico adecuado a su situación metabólica (antidiabéticos orales o insulina) y educación diabetológica. Ahora bien, las personas mayores presentan una serie de peculiaridades que no se deben olvidar:

  • Es imprescindible tener en cuenta los condicionantes físicos, psíquicos, familiares y sociales que tienen este grupo de personas. Hay una serie de factores importantes a considerar antes de instaurar cualquier tipo de tratamiento:
  • Expectativa y calidad de vida.
  • Compromiso por parte de la persona con diabetes de, al menos, intentar llevar lo mejor posible el tratamiento.
  • Problemas económicos (por desgracia, bastante frecuentes en este grupo de personas).
  • Dificultades familiares y sociales: hábitos muy arraigados en su comportamiento, soledad, disponibilidad o no de servicios sociales, etc.
  • Problemas de salud coexistente. Por una parte, las personas mayores presentan con frecuencia situaciones que dificultan la comunicación y el cumplimiento terapéutico: disminución de la agudeza visual, dificultades en la audición, limitaciones para la movilidad, pérdida de memoria, enlentecimiento psíquico, demencia senil, etc. Por otra parte, la existencia de otras patologías que requieren tratamientos farmacológicos múltiples que, en ocasiones, incidirán en el control metabólico (por producir hiperglucemias o enmascarar una hipoglucemia) o dificultarán el cumplimiento.
  • En las personas mayores el mantenimiento de unas cifras de glucemia lo más parecidas posible a la normalidad debe ser cuidadosamente valorado e individualizado, puesto que en este grupo de edad los episodios hipoglucémicos hay que evitarlos a toda costa y existe “menor” necesidad de prevenir consecuencias tardías de la diabetes puesto que la expectativa de vida es menor. En general, se tiende a ser menos estricto en la consecución de la normoglucemia.
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Dieta

Constituye la parte fundamental del tratamiento y la mayor parte de las personas de la tercera edad con diabetes pueden controlarse sólo con dieta.

Se debe tener en cuenta que las personas mayores tienen hábitos dietéticos muy arraigados a lo largo de su vida y que difícilmente se van a poder modificar. La artrosis y otros problemas neurológicos y visuales puede limitarles el acceso a los alimentos más adecuados, y los factores económicos son también muy importantes. Además, muchas personas mayores tienen alteraciones gustativas, olfatorias o visuales, que puede dificultarles la preparación de los alimentos.

La paciencia y perseverancia en la educación nutricional, y la ayuda de los familiares y/o cuidadores pueden ser fundamentales a la hora de conseguir los objetivos.

A veces, suele bastar con evitar los azucares simples, que por su absorción rápida producen hiperglucemias bruscas, restringir las grasas animales ricas en ácidos grasos saturados y aconsejar un adecuado aporte de fibra vegetal. Es importante el reparto en 5 tomas al día (desayuno, media mañana, comida, merienda y cena).

Se debe hacer hincapié en utilizar una alimentación variada, aconsejando evitar las dietas monótonas que frecuentemente realizan las personas mayores por motivos físicos, familiares o sociales y que suelen conducir a hipoglucemias, carencias vitamínicas y minerales.
Ejercicio Físico
Es aconsejable un ejercicio físico regular y adaptado a las posibilidades de cada persona. Junto con la dieta, debe formar parte del primer eslabón terapéutico en la mayoría de las personas con diabetes. El ejercicio físico influye positivamente en el control metabólico y, en otros factores de riesgo cardiovascular como la dislipemia y la hipertensión arterial. Disminuye, por otra parte, la pérdida de masa ósea y muscular, mejora la circulación venosa en los miembros inferiores y permite mantener el mayor tiempo posible el grado de autonomía suficiente, incrementando la sensación de bienestar físico y psíquico.

Factores a tener en cuenta:

  • El riesgo de hipoglucemia debe minimizarse.
  • Selección del calzado adecuado. Frecuentemente las personas mayores tienen pies de riesgo, por lo que no se deben olvidar las medidas encaminadas a evitar lesiones en el pie.
  • La intensidad del ejercicio debe estar en relación con las condiciones físicas de la persona.

Antidiabéticos Orales

Deben considerarse en las personas mayores cuando con la dieta y el ejercicio no se consiga un adecuado control.

Biguanidas. Son fármacos que no producen hipoglucemia, ya que sólo actúan si el azúcar está elevado, no bajándolo más si está normal. El candidato ideal es la persona obesa no controlada aceptablemente con dieta y ejercicio, aunque en la tercera edad la obesidad no suele ser un problema tan frecuente como en las edades medias. Están desaconsejadas en presencia de insuficiencia renal, cardíaca o hepática.

Inhibidores de las alfa-glucosidasas. Son útiles para controlar hiperglucemias postprandiales, ya que actúan interfiriendo con la absorción del azúcar en el intestino después de las comidas. No producen hipoglucemias.

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Sulfonilureas. Se recomienda evitar las de acción prolongada y las más potentes (clorpropamida, glibenclamida) por el riesgo de producir hipoglucemias severas y prolongadas, siendo recomendables las de segunda y tercera generación (tolbutamida, glipizida, gliquidona, gliclacida, glipentida y glimepirida).

Se aconseja comenzar con dosis bajas e incrementos progresivos basándose en los controles de glucemia.

Debido a que muchas personas mayores están polimedicadas, no se deben olvidar las posibles interacciones con otros fármacos.

Meglitinidas. La repaglinida, único fármaco comercializado perteneciente a este grupo, tiene una acción más rápida y corta que las sulfonilureas, por lo que es de utilidad para corregir las hiperglucemias postprandiales. Parece producir menos hipoglucemias que las sulfonilureas.

Insulina

Además de en los excepcionales, pero posibles, casos de diabetes tipo 1 que aparecen en personas mayores de 65 años, puede ser necesaria en algunas personas mayores con diabetes tipo 2 por diversas circunstancias:

  • Contraindicaciones para el uso de antidiabéticos orales (insuficiencia renal o hepática, problemas digestivos, etc).
  • Presencia de procesos intercurrentes que provocan descompensación de la glucemia, pudiendo ser necesaria la insulinización temporal (infección grave, intervención quirúrgica, etc).
  • Fracaso del tratamiento con dieta, ejercicio y antidiabéticos orales, por no consecución de los objetivos de control glucémico.
  • Descompensaciones hiperglucémicas agudas (coma hiperosmolar, coma cetoacidótico, etc).

La disponibilidad de nuevos sistemas inyectores de insulina han facilitado la inyección de ésta, siendo de gran utilidad para las personas mayores con diabetes. Pero, en ocasiones, la situación personal o familiar de la persona mayor dificulta el tratamiento insulínico, por lo que en estas condiciones puede ser de utilidad la terapia combinada de antidiabéticos orales con una dosis de insulina intermedia nocturna.

Generalmente, la insulina es mal aceptada por las personas mayores, y hay casos en que las dificultades son evidentes, por lo que habrá que plantearse si es preferible una insulinización problemática o mantener su habitual mal control. Se debe tratar de implicar siempre a familiares o cuidadores habituales, pues su colaboración no sólo es recomendable sino esencial.

Factores de riesgo de hipoglucemias:

En relación con la edad

  • Alteración en el metabolismo y excreción de fármacos.
  • Alteración en el sistema nervioso autónomo: alteración de la capacidad de detección y respuesta frente a la hipoglucemia.

En relación con procesos asociados

  • Insuficiencia hepática
  • Insuficiencia renal

En relación con el consumo de medicamentos

  • Salicilatos, sulfamidas, dicumarínicos, fenilbutazona, alcohol, beta-bloqueantes, etc.
  • Consumo de alcohol o sedantes

La hipoglucemia en las personas de la tercera edad, aún sin llegar al estado de coma hipoglucémico, puede acarrear consecuencias graves tanto cardiovasculares como cerebrovasculares. Aunque pueden existir otras causas, la inmensa mayoría de las hipoglucemias en las personas mayores están ligadas a la utilización de antidiabéticos orales.

Educación Diabetológica

Juega un papel esencial en el tratamiento de la persona mayor con diabetes, pues es la única arma de que se dispone para mejorar el cumplimiento terapéutico, implicar a la persona en su propio tratamiento y con ello mejorar el control metabólico.

El objetivo será proporcionar la máxima información asimilable por cada persona e intentar conseguir los cambios en los hábitos de vida saludables que ayuden al control terapéutico.

Es de enorme importancia tener en cuenta las limitaciones físicas y psíquicas que presentan las personas mayores, para poder establecer una correcta comunicación entre el profesional de la salud y la persona con diabetes.

En la persona mayor reviste aún mayor importancia contar con la colaboración de la familia o con sus cuidadores habituales para conseguir una expectativa de éxito en los cambios a introducir. Por ello es imprescindible contar con la asistencia de la familia para obtener resultados favorables.

Fuente: elergonomista.com