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México – Aprovechan tecnologías para adaptar silla de ruedas para niño con discapacidad motríz severa

Tiene 12 años y una discapacidad motriz severa, su nombre es Francisco y gracias a la organización “Tecnología al alcance de todos” podrá cumplir sus sueños de seguir estudiando.

Esta organización fue creada por la Sociedad de Alumnos de Mecatrónica del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey que construyó una silla de ruedas adaptada especialmente a sus necesidades.

¿Qué hace falta para cambiar una vida? En afortunadas ocasiones sólo basta con la dedicación de dos profesores y un grupo de alumnos de la carrera de Ingeniero en Mecatrónica (IMT) del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey y la decisión de usar sus conocimientos, energía, creatividad y tiempo para ayudar a alguien.

Ese es el caso de Francisco Javier Jiménez Arias, quien a sus 12 años es un niño alegre e inteligente que actualmente cursa el sexto año en la “Primaria Lic. Jesús Reyes Heroles” , una escuela pública ubicada en el municipio de San Nicolás de los Garza, Nuevo León.

Francisco sueña con llegar a la universidad, convertirse en escritor y comprar una casa a su mamá, a pesar de la parálisis cerebral espástica que limita su independencia, pero no su decidida lucha por alcanzar sus sueños.

Gracias al apoyo de su familia y de la gente que lo rodea el pequeño mantiene su optimismo. Durante años estudió en institutos para niños con discapacidad donde su inteligencia lo hizo sobresalir entre sus compañeros. Así, Francisco se planteó un nuevo reto: estudiar en una escuela regular.

La tarea no fue superior a sus habilidades, Francisco se integró sin mayores problemas a sus cursos y se distingue como un excelente estudiante. Sin embargo, la discapacidad motriz le impide controlar sus manos, lo que le hace imposible escribir.

Un proyecto para ayudar

“Tenemos que hacer nuestro trabajo con pasión, me dijo alguna vez un maestro. En el momento que uno se topa con un alumno que tiene ganas de seguir estudiando, que tiene sueños y metas por delante, si se tiene esa pasión, uno va a buscar respuestas, alternativas y no se va a quedar esperando” , recuerda la licenciada Alejandra Zúñiga Hubber, egresada de la Escuela Normal de Especialización y profesora de Francisco.

Decidida a que la imposibilidad de tomar un lápiz con la mano no representara un obstáculo en el avance académico de su alumno, la licenciada Zúñiga Hubber contactó en abril pasado al doctor Sergio Sedas Gersey, en ese tiempo Director de la Carrera de Ingeniero en Mecatrónica del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, y actualmente Director de Proyectos Estratégicos en el mismo campus.

La profesora le pidió ayuda para diseñar un teclado especial que le permitiera a Francisco escribir. El doctor Sedas se interesó en el caso y un viernes 16 de abril, por la mañana, envió un correo electrónico a todos sus alumnos titulado: “Busco voluntarios. Oportunidad de proyecto para ayudar” .

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Y así fue que se sumó a la historia Mildred Vanessa López Cabrera, alumna de octavo semestre de la carrera de Ingeniero en Mecatrónica (IMT) , quien decidió aceptar el reto que planteaba su director de carrera. “El correo terminaba diciendo ‘Recompensa: La satisfacción de ver a Francisco trabajando con una computadora’, la verdad no me pude resistir” , confiesa.

Cada discapacidad es diferente y en el caso de Francisco la parálisis que afecta su movilidad, más no su mente, le impide realizar casi cualquier movimiento ya que su tonalidad muscular es muy baja, pero es capaz de mover el pulgar y el dedo índice de ambas manos.

“Era muy importante aprovechar esa ventaja que él ya tenía” , dice Mildred o Mily, como le llaman sus amigos. Aclara que el reto estaba en identificar las que eran más útiles para el caso de Francisco y adaptarlas para que marcaran una diferencia en su vida.

La futura ingeniera explica que la meta era lograr que Francisco pudiera escribir sin tomar un lápiz, por lo que dedicaron el fin de semana a analizar las posibilidades de crear un teclado como el de ‘las maquinitas’: uno con cuatro botones, tipo Nintendo, o hacer un programa que detectara caracteres e interactuara con Windows.

Una investigación rápida les mostró que toda esa tecnología ya existía. Estaba al alcance de un clic y una tarjeta de crédito y además -bromea Mily-: “eran soluciones de las que a todos gustan: buenas, bonitas y baratas”.

Escribir sin tomar un lápiz

Durante cuatro meses de trabajo, Mily integró en la nueva silla de ruedas un ratón tipo bola, que facilitaba el trabajo a Francisco.

Le adaptó una computadora a la que instalaron la aplicación de teclado virtual diseñada por Microsoft. “Todo es desmontable, lavable, sustituible y no muy costoso, de manera que si algo falla puede ser reemplazado” , dice.

El CPU, es pequeño y también está integrado a la silla; todo se conectada vía USB y los cables están ocultos en la funda del asiento pero tienen fácil acceso para poder conectarse a la red y a los monitores fijos que fueron instalados en su casa y su escuela.

Además, la silla de ruedas tiene diversos soportes y cinturones que permitirán a Francisco estar más cómodo y seguro en ella.

El apoyo económico de la Sociedad de Alumnos de Ingeniería en Mecatrónica (SAIMT) fue decisivo, y gracias a ella, también se obtuvieron audífonos, micrófono, cámara web e impresora para que la integración de Francisco al mundo virtual fuera más completa.

“Es injusto que personas tan especiales como Francisco, con tantos deseos de salir adelante, con tantas cosas por descubrir se vea limitado. Sobre todo da coraje saber que la solución a esta limitación cuesta menos de 10 dólares” , dice Mily.

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Y agrega que el objetivo es sacar provecho a la tecnología ya existente para facilitar la integración, comunicación y sobre todo el proceso de aprendizaje de personas que tienen alguna limitación física que les impida realizar algo que de verdad desean hacer.

Una causa por la que se apoyarán muchas más

‘Tecnología al alcance de todos’ nació gracias al caso de Francisco. Es un proyecto pionero en el área de acción social desarrollado por la Sociedad de Alumnos de Ingeniería en Mecatrónica (SAIMT) que tiene como objetivo brindar la posibilidad de una completa formación académica y desarrollo personal a niños y jóvenes con capacidades diferentes a través de la tecnología.

Las jóvenes, quienes hicieron su tarea y se informaron de casos como el de Francisco, encontraron que en el mundo hay más de 650 millones personas que viven con algún tipo de discapacidad, que a menudo les impide participar en actividades sociales; tienen pocas esperanzas de ir a la escuela, desempeñar un trabajo y formar una familia. En México, la cifra de acuerdo al XII Censo General de Población y Vivienda en el año 2000 era de 1 millón 795 mil personas, lo que representaba el 1.8 por ciento de la población total del país.

“Queremos crecer el proyecto, sacarlo adelante. Si en un semestre podemos multiplicar nuestros fondos podemos ayudar a más niños por semestre. Y si los compañeros de otras carreras o campus se suman, el impacto será mayor” , explican Mily y su compañera Renatta Espinosa Rivas, quien cursa el quinto semestre de la carrera de IMT y forma parte de la Mesa Directiva de la Sociedad de Alumnos de Ingeniería en Mecatrónica (SAIMT) .

Por ello la Sociedad de Alumnos de Mecatrónica y los alumnos de otras ingenierías que deseen unirse, adoptarán al menos a un niño para apoyarlo y buscar la forma de que la tecnología funcione para él, el cual seleccionarán por concurso.

“Hemos conversado con personas de organizaciones que apoyan a personas que viven con una discapacidad motriz en Nuevo León y están muy interesados en este proyecto” , agrega el doctor Sedas.

Por lo pronto, el 22 de septiembre esta organización estudiantil entregó la silla de ruedas personalizada y el equipo de cómputo a Francisco que le permitirá a este talentoso joven escribir por primera vez y conectarse con el mundo.

“Muchas gracias a todos por darme este regalo tan grande. Espero aprovecharlo muy bien. Gracias a la maestra Alejandra, al doctor Sergio Sedas y a Mily. Y ya” , dijo un emocionado Francisco desde su nueva silla a los profesores, alumnos y familiares reunidos en el Centro Estudiantil del Campus Monterrey. Lo esperaba una nueva aventura… aprender a escribir.

Fuente: www.eluniversal.com.mx