La verdadera discapacidad: es la indiferencia

Escribe: MIRIAM HUARACHI OLARTE

Vivimos en un mundo donde no se respeta los derechos fundamentales de las personas, menos el derecho de las personas con discapacidad. Estos ciudadanos no esperan lástima de nosotros, porque no son “personas discapacitadas” si no “personas con habilidades distintas” que es muy diferente, pero nosotros con nuestra indiferencia queremos volverlos discapacitados.

Hasta hace una semana atrás, me imagino que yo también formaba parte de ese grueso grupo de población que se muestra indiferente con las personas con discapacidad. Es más, yo no tenía la remota idea de la complicada vida que ellos sopesan a diario; hasta que un día vi cómo una persona que intentaba tomar una combi para trasladarse no podía subir con su silla de rueda y la indiferencia de la gente era increíble.

Traté de ayudarlo, pero no pude, porque el chofer y los ocupantes tenían mucha prisa. Le reclamé al cobrador, del por qué no lo ayudaban; me respondió diciendo, tenían que cumplir con el horario establecido, es ahí donde sentí la verdadera impotencia de ayudar a una persona que para mí era como un niño… simplemente indefenso.

Fue así, que decidí ayudar en un día de su vida cotidiana a una persona con discapacidad. Y ese día era miércoles. Era las 7:00 de la mañana, de un día con sol resplandeciente que apenas empezaba a calentar la Ciudad Lacustre.

Nos encontramos con Felipe Flores Ponce de 47 años de edad en el barrio Villa del Lago…quien casi mayor parte de su vida sobrevive sobre una silla de ruedas, debido a que el destino le jugó una mala pasada hace seis años, cuando sufrió un accidente, pero gracias al apoyo de su familia se ha convertido en un sinónimo de lucha constante en la sociedad y para mí empieza una experiencia especial al lado de una personas con discapacidad.

Como cualquier día, esperamos una combi para trasladarnos al centro de la ciudad; mientras esperábamos, Felipe me contaba de los problemas que tiene, ya habían pasado media hora y los carros no querían recogernos, al menos no paraban cuando levantábamos la mano.

Pero yo seguía entretenida de las cosas que me contaba Felipe, y sin darme cuenta ya había pasado más de una hora, eran las 10:00 horas del día, pero ninguna combi paraba para recogernos, porque estaba acompañada de Felipe que estaba en silla de ruedas, es ahí, donde verdaderamente yo en carne propia viví la indiferencia.

Así como Felipe, un promedio de 650 millones de personas en el mundo son víctimas de la indiferencia y marginación, ellos padecen diversas formas de discapacidad y, 400 millones de personas con discapacidad viven en países pobres. En la región superan las 23 mil 84 personas con discapacidad, que representa el 2.1% de 1 millón 200 mil puneños.

Después de tanta espera, un noble conductor decide recogernos, pero me doy cuenta que sólo existe un pasajero en el interior del vehículo a diferencia de las otras unidades vehiculares que pasaban con los asientos ocupados por pasajeros, entonces resuelvo que el señor Felipe Flores sólo podrá subir a estos vehículos cuando estén vacios; irónicamente a esta pequeña experiencia después de unos minutos, dirijo la mirada a un costado de esta combi y veo un stiker pegado que ya esta desgastado por el tiempo y el sol; y dice “asiento preferencial”, “Ley Nº 27050”, de hecho esta Ley no se cumple o falta que salga una Ley que diga cúmplase las leyes promulgadas.

Superado el problema de transporte, a las 10: 37 de la mañana inmediatamente surge otra dificultad; nos referimos a las “veredas peligrosas”, pero no se supone que las veredas son un instrumento de seguridad para evitar accidentes; y es cierto para las personas que no tiene ninguna discapacidad, pero para Felipe que utiliza una “silla de ruedas” no lo es, porque las calles no tienen rampas adecuadas y las veredas son angostas.

La Ley Nº 27920, en el Artículo Nº 43 indica la adecuación progresiva del diseño urbano de las ciudades, adaptándolas y dotándolas para el uso y fácil desplazamiento de las personas con discapacidad o ¿acaso se han olvidado? Pues según las características antropométricas, una persona que utiliza silla de ruedas ocupa un espacio de 1.20 metros de largo por 80 a 90 centímetros de ancho. Si la persona es asistida por un acompañante, el espacio del ancho varía entre 1.80 y 2.00 metros, pero estas medidas al memento de construir unas veredas, sencillamente no son tomadas en cuenta por las autoridades.

Felipe tiene que gestionar proyectos, presentar documentos en beneficio de sus compañeros, pues está a cargo de la presidencia de la Federación Departamental de las Personas con Discapacidad (FEDDIP) de Puno. Entramos a la Municipalidad Provincial de Puno y solo logramos entrar al primer piso, pero cuando quisimos subir al segundo al tercer piso, pero no existe ascensores para facilitar el traslado de estos ciudadanos.

Recuerdo haber subido y bajado varias veces las gradas, para ingresar a la catedral principal, muy bella por cierto, pero no puede decir lo mismo Felipe, porque no hay rampas para facilitar su ingreso y tiene que hacer malabares si quiere escuchar la palabra de Dios.

Llegó el medio día y por tanto es hora de almuerzo, nos dirigimos a buscar un restaurante, al llegar nos damos cuenta que las puertas son elevadas y es imposible ingresar con la silla de ruedas. Así como estas, son muchas las instalaciones que no se hacen pensando en una persona con discapacidad.
Como se puede ver, la experiencia que compartimos con ustedes, es amarga, pero a la vez, reflexiva.

Porque la indiferencia no solamente es por las autoridades cuando ellos mismos no cumplen con las leyes que aprueban y que favorecen a nuestros hermanos con discapacidad, sino también de la propia población, que cuando ven a una persona con discapacidad no le brindan ayuda para cruzar una vía o subir las gradas.

Fuente: Los andes.com.pe

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