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Psicología de la agresividad Trastornos mentales asociados a la agresividad

Psicología de la agresividad

Un factor común entre los trastornos psicopatológicos donde la agresividad tiene fundamental importancia, es la dificultad de las personas para controlar sus impulsos, en especial los impulsos agresivos.

A continuación veremos información sobre los trastornos mentales asociados a la agresividad.

Trastornos mentales asociados a la agresividad

Psicopatía, personalidad desinhibida y agresión

Antes de estudiar las características de la psicopatía, nos parece interesante entregar las formulaciones teóricas relacionadas con la psicopatología de la desinhibición, concepto que Aluja (1991) utiliza como factor etiológico integrador de la psicopatía y otros trastornos relacionados con la falta de control.

Psicopatología de la desinhibición

El término “psicolopatología de la desinhibición” procede de Gorestein y Newman y pretende integrar en un solo concepto amplias conductas humanas, que tienen en común síndromes de desinhibición o falta de control, como la psicopatía, la historia, la hiperactividad infantil, el comportamiento impulsivo, antisocial y alcoholismo.
El término desinhibición se utilizó dándole una connotación de destrucción de procesos inhibitorios que regulaban la tendencia a responder. Sin embargo, Gorenstein y Newman utilizan el término más que nada desde un punto de vista descriptivo, para referirse a la desinhibición humana; “se refiere a la conducta humana que ha sido interpretada como haciendo de disminución de controles en tendencias de respuestas”(Aluja, 1991, p.21). Entre los trastornos caracterizados por la desinhibición, se encuentra la impulsividad, psicopatía, personalidad antisocial en la adolescencia, la hiperactividad en la infancia y el alcoholismo. Estos síndromes se caracterizan por presentar patrones de conducta que tienden a la obtención de gratificación inmediata a expensas de mayor ganancia a largo plazo. Cabe decir que el síndrome o trastorno más representativo de la conducta desinhibida es la psicopatía.

Desinhibición como concepto integrador

Investigaciones hechas por Schulsinger dan pie para decir que existen un componente genético en la psicopatía y síndromes asociados. Cloninger, Rich y Guze dan datos a favor de que la histeria y la psicopatía son manifestaciones del mismo proceso etiológico. Otros autores afirman que la hiperactividad puede ser el sustrato conductual de la psicopatía y el alcoholismo primario.
Los delincuentes psicópatas presentas rasgos y características conductuales que implican impulsividad, agresividad, búsqueda de estimulación, baja ansiedad y pobre socialización. Los resultados de los estudios de la personalidad del delincuente a través de la teoría de Eysenck coinciden que en la persona antisocial tiene rasgos entre los cuales se encuentra la excesiva necesidad de estimulación, bajo nivel de activación cortical y niveles elevados de tolerancia al castigo.
El control de la agresividad depende del proceso de socialización y estos de los procesos de condicionamiento. Se postula que los introvertidos tendrían un mayor control de la agresión que los extrovertidos, porque el control de la agresividad depende del proceso de socialización y éste, de los procesos de condicionamiento y, por lo tanto, los introvertidos condicionarían más alto que los extrovertidos. De Flores encontró que los extravertidos, al ser altos buscadores de sensaciones y al ser las conductas agresivas un alto predictor de estimulación, muestran más conductas agresivas. Estos resultados indican que la agresividad podría estar relacionada con diferencias de personalidad, como lo son los rasgos de extroversión/introversión y el de psicoticismo.

Conducta antisocial:

La conducta antisocial se ha usado para definir a una persona cuyo comportamiento no se ha ajustado a la normativa social o moral. Desde el punto de vista psiquiátrico, Schneider empieza a utilizar el término “personalidad psicopática” como una entridad gnoseológica e integradora.
Al hablar en términos generales de la “conducta antisocial”, nos referimos a un concepto muy extenso que se da desde los rasgos de personalidad psicopáticos hasta los criterios de trastorno de personalidad antisocial del DSM-III (no presente en el DSM-IV). Estos definen conductas delictivas y a un cierto tipo de delincuente de bajo extracto social.
Con respecto al concepto de psicopatía, Hare y Cox diferencian entre psicópatas primarios, secundarios y disociales. El psicópata primario es un individuo que presenta un encanto superficial, es inteligente e informal, no presenta delirios ni pensamiento irracional ni tiene síntomas de manifestaciones psiconeurótica; por otra parte, es insincero e incapaz de presentar culpa o remordimiento, es egocéntrico en extremo e incapaz de amar, presenta falta de juicio práctico o incapacidad de aprender de la experiencia y tienen dificultad para seguir un plan de vida estable. Los psicópatas secundarios serían individuos capaces de mostrar culpa y remordimiento y de establecer relaciones afectivas y su conducta estaría motivado por problemas de índole neurótica. Los disociales serían individuos que presentan conductas antisociales y que pertenecen a un mundo marginal y tienen una cultura propia. Tendrían una personalidad “normal” y serían capaces de funcionar adecuadamente dentro de su grupo, tendiendo lealtad y sentimiento de culpa y de afecto. Según Blackburn, el psicópata primario sería una persona altamente impulsiva, en contraposición al psicópata secundario, que se caracterizaría por una baja sociabilidad. Según otros autores, los psicópatas secundarios mostrarían un déficit afectivo-motivacional parecido al de los esquizofrénicos, caracterizado por la predominancia de conducta retraída.
Con respecto a la relación entre personalidad y delincuencia, Eysenck publica en el año 1964 un libro llamado “crimen y personalidad”, en el cual propone que existe una relación entre la conducta delictiva y las dimensiones básicas de la personalidad propuestas por él, las cuales tendrían una base biológica. La teoría de Eysenck formula que la conducta antisocial sería el producto de la influencia de variables ambientales sobre individuos con determinadas predisposiciones genéticas y el aprendizaje por condicionamiento clásico. Eysenck propone el concepto de “consciencia moral”, basado en la estimulación aversiva y el condicionamiento clásico, las cuales se adquirirían por un proceso de aprendizaje en la infancia. El niño nace sin socializar y no respeta el derecho de los demás. Los educadores castigan ante la presencia de conductas antinormativas; entonces, éstas apareadas con estímulos aversivos, se condicionará negativamente. El sujeto , al esperar el castigo , sufriría de ansiedad, lo cual evitaría la aparición de la conducta antisocial.
La dimensión de neuroticismo también estaría relacionada con la conducta antisocial. Según Eysenck, la neuroticidad y la ansiedad actúan como impulsos poderosos, multiplicando los hábitos antisociales. También propone la variable del psicoticismo, el cual sería el mecanismo causal de la psicopatía primaria.

Trastorno de la personalidad antisocial (DSM-III):

El DSM-III considera doce criterios, de los cuales hay que cumplir con un número de tres antes de los 15 años; nueve para después de los 18, de los cuales hay que cumplir un mínimo de 4. El estudio de estos contenidos no apuntos tanto a rasgos de la personalidad , sino que hacen referencia a un listado de conductas de tipo delictivo y penal.

Los criterios que se aplican a los individuos menores de quince años hacen referencia a la vagancia, expulsiones en la escuela, fuga del hogar, mentira persistente, relaciones sexuales repetidas y circunstanciales, ingestión de alcohol y abuso de sustancias, robos, vandalismo, rendimiento escolar mediocre, violación de normas y peleas. Los criterios para los 18 años son incapacidad para mantener una conducta laboral apropiada, irresponsabilidad como padre, incapcidad para aceptar normas sociales, incapacidad para mantener una relación de pareja estable, irritabilidad y agresividad, evaluadas mediante peleas físicas repetidas, incapacidad para planificar, mentira patológica e imprudencia. Cabe decir que este trastorno es encasillado en el eje II en la multiaxilidad del DSM-III, lo que indicaría una larga evolución, enraizada en los factores básicos de la personalidad del individuio y resistentes a la intervención psicoterapeútica y farmacológica.

Evaluación clínica y psicométrica del TAP

La entidad gnoseológica del TAP viene dado por criterios específicos y operacionales de los manuales de diagnóstico, tanto para la investigación como para su uso en la clínica. La gravedad del trastorno vendría dado por el grado de inflexibilidad y desadaptación de los rasgos de la personalidad por la incapacidad social, disfuncionamiento laboral y malestar personal que comporta. Según el DSM-III, el rasgo esencial es un trastorno “en el que existe una historia de conducta antisocial continuada y crónica en la que se violan los derechos de los demás” (Aluja, 1991, p.217). El hecho que el TAP tenga repercusiones judiciales y legales puede inducir al error de que el TAP equivale a la delincuencia.

Esquizofrenia y agresión

Según Kaplan y Sadock (1987), en el trastorno esquizofrénico la agresión se da principalmente en uno de sus síndromes clínicos, que es la esquizofrenia catatónica con excitación. La catatonia excitada es un estado de agitación psicomotora extrema en la cual el individuo habla y grita continuamente. Sus producciones verbales son muchas veces incoherentes y su conducta parece hallarse influenciada más por estímulos internos que por el ambiente que lo rodea. Este estado incluye violencia y agresión destructiva para los demás, por lo que esta excitación puede incluso causar la tendencia a lesionarse ellos mismos.
La conducta agresiva puede presentarse en el esquizofrénico a través de dos conductas específicas, que son el suicidio y el homicidio, las cuales se encuentran en un porcentaje mayor en estos enfermos que en el resto de la población. El análisis de estos suicidios y homicidios impredectibles lleva a la conclusión de que el factor singular más significativos de muchos de ellos es la experiencia traumática de rechazo. La sensibilidad patológica del esquizofrénico le hace extraordinariamente vulnerable a todas las tensiones de la vida común. Para el esquizofrénico el rechazo, particularmente de los miembros de su propia familia, parece ser aún más traumático que la mayor parte de las otras preocupaciones.

Trastorno de la conducta infrasocializada tipo agresivo

Según Kaplan y Sadock (1987), los trastornos de la conducta de la lacancia, niñez y adolescencia se caracterizan por la existencia de pautas repetitivas y persistentes de conducta antisocial, que violan los derechos de los demás y que van más allá de las travesuras de los niños y adolescentes.
Dentro de estos trastornos específicos de la niñez y la adolescencia se encuentra el trastorno de la conducta infrasocializada tipo agresivo. Los rasgos esenciales de este trastorno son un fracaso en establecer un grado afectivo normal, empatía o vínculos con los demás; una pauta de conducta antisocial agresiva, y problemas de conducta en la escuela. El fracaso en el desarrollo de vínculos sociales se manifiesta por la falta de relaciones sostenidas por amigos, aunque el niño pueda mantener amistad con un compañero mucho mayor o menor que él, o tener relaciones superficiales con otros jóvenes antisociales. El niño presenta una falta de interés por los sentimientos, deseos y por el bienestar de los demás, manifestados por una conducta insensible. Se encuentran ausentes los sentimientos de culpa o remordimientos.

La conducta antisocial agresiva en el niño puede tomar la forma de intimidación, agresión física y comportamiento cruel con los compañeros. Hacia los adultos el niño puede verse hostil, verbalmente abusivo, impúdico, desafante y negativista. Este niño suele ser un niño que ha experimentado un grave rechazo paterno, a menudo alternado con una sobreprotección irreal, sobre todo contra las consecuencias de su conducta indeseable. Estos niños no sólo han tenido una frustración continuada, por sobre todo de sus necesidades de dependencia, sino que no han tenido una pauta de disciplina consistente. Su conducta general es inaceptable en casi cualquier contexto social y suele ser considerado como un mal niño.

Generalmente, la situación familiar de este niño revela una grave discordia matrimonial y una pauta estereotipada de hostilidad verbal y física impredectible. La conducta agresiva del niño rara vez parece dirigida hacia un objetivo definible, y le proporciona escaso placer, éxito o ventaja sobre sus compañeros o figuras de autoridad.

Trastorno explosivo-intermitente:

  • Los trastornos del control de los impulsos se caracterizan de la siguiente forma:
  • Fracaso en resistir un impulso, una tendencia a llevar a cabo algún acto que es peligroso para el individuo o para los demás. Puede existir o no existir resistencia consciente al impulso, el acto puede o no ser predeterminado o planeado.
  • Situación creciente de tensión antes de cometer el acto.
  • Experiencia de placer, gratificación o alivio en el momento de llevar a cabo el hecho.

Inmediatamente después el acto, puede existir auto-lamentación, auto-reproche o sentimientos de culpa auténticos.
Uno de los trastornos de control de los impulsos es el trastorno impulsivo intermitente. Esta categoría diagnóstica distingue a los individuos que tienen episodios recurrentes de pérdida signifcicativa de control de los impulsos agresivos. Durante estos episodios la conducta da lugar a ataques graves o destrucción de la propiedad y es desproporcional a los estresores psicosociales que la desencadenan. Los signos de impulsividad se encuentran ausentes entre cada ataque.
Se cree que un entorno desfavorable en la niñez es el principal determinante en la aparición de este trastorno. Los factores predisponentes en la niñez son los traumatismos peri-natales, las crisis epilépticas infantiles, los traumatismos craneales, la encefalitis y la hiperactividad. Un ambiente en la infancia en el que exista alcoholismo, golpes, amenazas a la vida o promiscuidad es un factor común a este trastorno. Los factores constitucionales, las primeras experiencias del desarrollo y los estresores normales constituyen a la eficacia del aparato de control o a la intensidad del impulso. Un factor en la génesis del trastorno sería una anormal identificación con las figuras paternas o la naturaleza simbólica del objeto de la violencia. Se ha constatado que una frustración o presión y hostilidad precoces son factores de vulnerabilidad. La situaciones que recuerdan inicialmente estas iniciales deprivaciones, así como las personas que directa o indirectamente suscitan la imagen del padre frustrante se convierten en el blanco de la agresividad destructiva.

Sadomasoquismo:

Según Kaplan y Sadock(1987), existen tipos de personalidad caracterizados por elementos de sadismo, masoquismo o por una combinación de ambos (sado-masoquismos). En la práctica se encuentra que una misma persona se dan elementos de conductas sádicas y masoquistas.
El sadismo consiste en el deseo de producir dolor en los demás, ya sea a través de abusos sexuales o a través de abusos de carácter general. Según Freud, “el sádico conjuraba el miedo de castración y sólo era capaz de alcanzar placer sexual cuando podía hacer a los demás lo que temía que le iban a hacer a él” (Kaplan y Sadock, 1987, p.398).
El masoquista se caracteriza por alcanzar gratificación sexual mediante el dolor propio. Más comúnmente, el masoquista busca la humillación y el fracaso más que el dolor físico.
Según Freud, la capacidad del masoquista para alcanzar el orgasmo se encontraba alterada por los sentimientos de ansiedad y culpa hacia el sexo, que son aliviados por su propio sufrimiento y castigo.

Métodos de medición de la agresividad

Según Edmunds y Kendrick(1980) existen un sinnúmero de formas de medir la agresión, entre las que se destacan las técnicas proyectivas. Dentro de éstas, las que han tenido mayor popularidad en la medición de la agresividad encontramos el Test de dibujo de Frustración de Rosenzweig, el TAT y el test de Rorschach.

Los cuestionarios, escalas e inventarios son las formas más prácticas de medir características de la personalidad. Estos instrumentos han sido desarrollados de distintas formas, ya sea de una manera intuitiva, de forma empírica o de forma teórica. Así, podemos encontrar :

  1. Instrumentos desarrollados de manera intuitiva: escala de hostilidad de Iowa, la escala de hostilidad de Cook y Medley, la escala de hostilidad manifiesta, la escala de hostilidad de Sarason y el cuestionario de agresión y hostilidad de Green y Stacey.
  2. Instrumentos desarrolados de manera empírica: la escala de agresión y hostilidad de Schultz, la escala de agresividad de Zaks y Walter y la escala de agresividad sobrecontrolada.
  3. Instrumentos desarrolados de manera teórica: la escala de necesidad de agresión, el cuestionario de dirección de hostilidad y el inventario Buss-Durkee

Conclusión.

Tras realizar esta monografía, lo único que se puede afirmar es que no existe ninguna postura puede abarcar completamente la multitud de factores causales y expresiones de la agresividad. Hasta el momento no existe un modelo integrador de estas perspectivas en relación a esta conducta específica.
En relación a los trastornos psicopatológicos donde la agresividad tiene importancia fundamental, podemos concluir que el factor común a todos ellos es la dificultad de los individuos para controlar sus impulsos, específicamente los agresivos. Es importante notar que la conducta antisocial no es considerada un trastorno del control de los impulsos, sino que sería una deficiencia conductual específica en relación al grado de socialización del individuo y al aprendizaje de conductas socialmente aceptadas.

Fuente: http://www.robertexto.com/archivo4/agresividad.htm

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