Células madre, posición humanista secular

Células madre posición humanista secular. Los religiosos fundamentalistas,  presentaron como principal argumento para oponerse a la investigación de las células madre embrionarias, el estatus de humano de los blastocistos.

EN el año 2004 el Arzobispo William Keeler hizo eco de la argumentación católica al afirmar: Que las mujeres que participaron de las investigaciones fueron utilizadas como fábricas de óvulos mientras sus descendientes embrionarios fueron tratados como objetos de dicha investigación, y que en nombre del progreso se ha ignorado su dignidad humana.

Dicha afirmación nos hace preguntarnos una vez mas, ¿Es un embrión en la etapa de mórula o blastocisto un ser humano o apenas un cúmulo de células?

Antes de proseguir a responder esta pregunta veamos los  acontecimientos que ocurren en los comienzos del desarrollo embrionario.

Los primeros días

En los seres humanos un embrión solo es posible tras la unión de un óvulo y un espermatozoide (en algunas especies de insectos y de lagartijas no se requiere la célula masculina). Los gametos – los óvulos y espermatozoides- son células vivas. La fecundación se da cerca del primer tercio de las trompas de Falopio y allí los espermatozoides empiezan a luchar por atravesar las barreras que dificultan su encuentro con la célula huevo. Tras la fusión de los gametos se inicia una serie de rápidos procesos. Las actividades metabólicas sufren un decisivo despertar, y se culmina el proceso de meiosis en la célula femenina dando origen a un óvulo haploide (célula con solo 23 cromosomas).

El ovocito fertilizado activa luego el llamado “bloqueo de la polispermia”, que impide a los otros espermatozoides penetrar en él. Esto ocurre al aumentar de forma rápida el aumento de la concentración interna de iones calcio. Luego el material de los dos pronúcleos, masculino y femenino, se duplican y condensan (es decir los cromosomas se hacen visibles) y luego se forma el huso mitótico de la primera división celular. Treinta horas después del comienzo de la fecundación se da la primera división celular que da origen a un embrión de dos células y después se dividirá sucesivamente en 4, 8, 16 y 32 células (fase que se conoce como mórula, formada por células madre embrionarias). En algunos casos, durante los tres o cuatro días después de la fecundación, se pueden despegar algunas células totipotentes que darán lugar a otro ser humano completo. Resultarían entonces dos gemelos monocigóticos (con la misma información genética).

Células madre, posición humanista secular

Células madre, posición humanista secular

Luego se pasa a la fase de blastocisto, en la cual el embrión tiene el aspecto de una esfera hueca llena de líquido. En el blastocisto se diferencian dos regiones: el trofoblasto y la masa celular interna. Sólo una parte de la masa celular interna, el epiblasto, formado por células pluripotentes, dará lugar al nuevo ser. El resto de las células originará la placenta, corion y otros estructuras extrafetales. En la etapa de blastocisto el embrión humano consta de 180 células e iniciará el contacto con la pared interna del útero (endometrio), donde comienzan a implantarse a partir del 6º -7º día.

Células madre, posición humanista secular

Células madre, posición humanista secular

El embrión se enquista progresivamente en la mucosa uterina, rodeándose de los capilares de los vasos sanguíneos maternos. En el mismo sitio donde se realizó el implante se formará progresivamente la placenta.

Durante estos primeros instantes el embrión de un humano, un chimpancé, un mono ardilla o un ratón no se pueden distinguir. Lo que hace que un cigoto fecundado generé un humano o un gorila es su programa genético, pues los genes controlan los procesos de especialización y desarrollo de estas células animales.

Un proceso continuo

La naturaleza humana del embrión, así como muchos fenómenos biológicos, son de carácter gradual y continuo. Este hecho no es tenido en cuenta por las personas que entran a debatir la naturaleza del blastocisto.

En el ensayo “Conozca a mi primo el chimpancé” Dawkins dice:

“Los partidarios autodenominados pro-vida, y otros que se dedican a debates absurdos sobre donde exactamente en su desarrollo el feto “se vuelve” humano, exhiben la misma mentalidad discontinua. Es inútil decirles a esas personas que, dependiendo de que características te interesan, un feto puede ser “medio humano” o “un centésimo humano”. “Humano”, para una mente discontinua, es un concepto absoluto. No puede haber termino medio.”

Los filósofos denominan “la falacia del continuum” al argumento que dice que pequeñas diferencias en una serie continua de sucesos son irrelevantes, o que posiciones extremas, conectadas por pequeñas diferencias intermedias, son la misma cosa porque no podemos establecer un límite objetivo para el cambio. El filósofo griego Eubilides de Mileto notó esta falacia cuando argumento: ” -¿Dos granos de trigo son montón de trigo?-No. -¿Y añadiéndoles otro grano? -Tampoco. -¿Y añadiendo otro? -Tampoco. -Luego nunca habrá montón, mientras se añadan uno a uno.” La falacia del continuum llega a afirmar que no existen diferencias entre los extremos o que, si existen, cualquier límite que pretendamos establecer será arbitrario. Este segundo punto es el que toman los detractores de la investigación con células madre (y los del uso de la píldora del día siguiente) cuando afirman que como el desarrollo del cigoto al bebe es continuo y como no se puede tomar un punto exacto en el que la naturaleza cambie abruptamente la destrucción de un blastocisto es igual al asesinato de un bebe. Que no conozcamos el momento en que se producen los cambios no significa que las cosas no cambien. Un blastocisto no es una persona, como una semilla no es un árbol.

Hay otro aspecto en la concepción de la vida que posee grandes implicaciones políticas, sociales y religiosas al analizar las investigaciones con células madre embrionarias. El Arzobispo Keeler y los demás creyentes fundamentalistas son dualistas, es decir creen que los humanos son seres formados por dos entidades, una material y otra metafísica: el cuerpo y el alma. Los biólogos y muchos médicos mantienen una visión organicista de la vida. En la visión organicista un ser vivo es un sistema abierto que es mucho más que la suma de sus partes, organizado jerárquicamente en niveles de complejidad creciente (atómico, molecular, celular, tejido… etc.) con capacidad de homeostasis, reproducción y regulado por un programa genético. La visión organicista no recurre a entidades metafísicas – como el alma – en sus explicaciones.

Es claro que la fecundación no es el inicio de la vida, pues los gametos están vivos al momento de la fertilización. Pero nadie considera la muerte de un espermatozoide como un homicidio. ¿Dónde comienza la vida humana?. La Iglesia Católica, al igual que muchas otras, sostienen que la vida humana inicia en el momento de la fecundación19. Sin embargo, como se mencionó anteriormente la fecundación es un proceso que puede llevar de dos a 12 horas. Igual de importante es el reconocimiento que, hasta 14 días después de la fecundación, el embrión puede dividirse, formando gemelos o trillizos. Este “argumento de la gemelización” tiene gran peso contra el punto de vista que sostiene que la vida humana comienza en el instante de la fecundación. Muchos creyentes se sienten confundidos en este punto porque según los teólogos el alma no se puede dividir, por lo que podrían afirmar que el alma no penetra al cigoto.

A pesar que muchos creyentes se sienten confundidos por el “argumento de la gemelización” para señalar el punto en el que el alma llega al embrión, no cabe duda que todos ellos siendo dualistas responderán que el alma es aquello que nos hace diferentes de los otros animales (si es que algunos de ellos admiten que pertenecemos al reino animal). Los organicistas señalarán que aquello que nos diferencia del resto de la vida animal es nuestro complejo y evolucionado cerebro que generan una mente como la naturaleza jamás había conocido.

Muchos científicos adoptan como característica distintivamente humana su electroencefalograma o EEG (El electroencefalograma es una técnica utilizada para la obtención del registro de la actividad eléctrica del cerebro a través de unos electrodos situados en la superficie del cráneo.). Sin embargo, no es hasta la octava semana de gestación, aproximadamente, cuando un embrión en desarrollo da muestras de un EEG detectable, y, por lo tanto, de los fundamentos para unos comportamientos neuronales esenciales para la existencia de actividad cerebral.

El presente artículo ha sido elaborado por Ferney Yesyd Rodríguez y extraído de sindioses.org  y titula Células madre: Entre la esperanza y la controversia.

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