ads

Share This Post

Amor discapacidad e internet historia de Miguel y Laura

Historia de amor y discapacidad, Miguel y Laura dos argentinos que se conocieron por internet

Miguel es un hombre que se moviliza en un silla de ruedas, Laura es una guapa joven con baja estatura (enanismo) El es de Tres Arroyos y ella de Misiones, Argentina.

Vivían resignados a quedarse solos, un día se conocieron chateando en una web y comprendieron que a pesar de sus diferencias, estaban destinados el uno para el otro.

De tener una relación virtual pasaron a tener una real, actualmente viven juntos, en la provincia  en la provincia mesopotámica, en donde vienen planeando un futuro en familia.

 “El Periodista” web del cual se extrajo este artículo nos relata la fantástica historia de amor entre  dos personas con discapacidad que se conocieron por Internet

Amor discapacidad e internet 

En el universo de Internet habitan una inmensidad de seres anónimos, conocidos virtuales y almas que vagan buscando encontrar compañía. En medio de la infinita multitud, la posibilidad de hallar en la red un amor correspondido parecería ser una en un millón. Pero en estos tiempos, hasta los más incrédulos tuvieron que admitir casi sin reservas que el amor puede gestarse en aquel universo para disfrutarse en el mundo real. Y la historia de Miguel y Laura, revelada aquí por “El Periodista”, no hace más que confirmarlo.

Miguel Aramberri fue uno de los tantos que se sumergió en la red y el destino dirá que no fue casual que su encuentro con Laura haya sido justo el 14 de febrero de este año. La conoció en un chat común donde se contaron parte de sus vidas y al desconectarse creyeron que no volverían a cruzarse jamás. Pero ese primer contacto fue suficiente para que Miguel sintiera que detrás de las primeras palabras se escondía algo más. Quería volver a hablar con aquella mujer y tuvo que preguntar en el ciber de unas amigas cómo podía hacer para hallarla. Le aconsejaron que probara con el MSN, como la última alternativa para contactarla, y al ingresar por primera vez, sus ojos se iluminaron al ver que Laura estaba en aquel sitio, aunque a mil kilómetros de distancia real. Desde esa vez, y durante meses, ninguno faltó a la cita de las tres de la tarde, donde pasaron horas hablando y consolidando un vínculo que había surgido de manera casual.
Quizás el nexo que los unió para siempre fue la sinceridad que ambos demostraron en las primeras charlas y la sensación de que estaban hechos el uno para el otro. “Todo se planteó desde un principio. Me dijo si yo era de discriminar y le pregunté por qué. Entonces me contó que ella era enana, que medía 1.30. Y ahí le confesé que yo estaba en silla de ruedas”, dice Miguel quien no tardó en proponerle una relación en serio para que ninguno de los dos saliera lastimado, ya que los dos conocían la lucha en un mundo que parece no estar preparado para ellos. “Siempre que conozco a alguien lo primero que pongo es la sinceridad y no me gusta ocultar nada. Me he arriesgado muchas veces y me ha ido mal. Ella tenía miedo de que la discrimine por su discapacidad porque le ha pasado y a mí también. Pero si algo siempre tuve claro es que discapacitados somos todos, no hay ningún ser humano que sea perfecto, siempre una discapacidad visible o no tenés. Si sos egoísta ya tenés una discapacidad”, confiesa convencido.

Vidas difíciles

Si algo lo identifica con Laura es que la vida no fue fácil para ninguno. Hace 16 años Miguel perdió la movilidad en sus piernas después de una enfermedad, y conservó las esperanzas, ya que los médicos le pronosticaron que con rehabilitación podría volver a caminar. Por eso nunca bajó los brazos. “A mí no me costó asumir mi discapacidad. Cuando empecé a rehabilitarme en ALPI me vieron condiciones para jugar al básquet y me fui a Bahía Blanca a jugar en silla de ruedas. Ahí vi gente como yo y peor que yo y eso me ayudó a seguir adelante. Después, trabajando en la calle, uno ve gente que está peor y entonces dije ´qué voy a bajar los brazos, cuando lo único que me faltan son las piernas y el resto está todo bien”.
Para subsistir, Miguel salió a vender artículos baratos en la puerta de los supermercados y a partir de que un primo le consiguió una silla de ruedas eléctrica se las rebuscó juntando cartones por las calles de la ciudad, mientras aprovechaba su tiempo libre para desarrollar sus dotes de poeta. A pesar de valerse por sí mismo se sentía incompleto porque en el fondo, como todos, anhelaba una compañera de ruta que mitigara su soledad.
A mil kilómetros, en la ciudad de Posadas, Laura cansada de los fracasos y las heridas de amor, creía cómo él que pasaría el resto de su vida sola. Cargando sobre sus espaldas una historia de abandono, trata de proteger a su hija Karen, de ocho años que también nació con escasa estatura, para que no sufra como padeció ella.

Saber que se puede

No es casual el obrar del destino que hasta resulta inexplicable cuando une, como esta vez, vínculos de amor. “Siempre pensaba ´¿qué me va a pasar a mí esto de conocer a alguien por Internet?´. Buscaba contactarme con alguien, pero nunca creí que me iba a enamorar. Antes había conocido gente fuera del país, nos habíamos enviado fotos, pero un buen día se desconectaron y nunca más los encontré. Laura me hizo creer de nuevo en el amor porque yo ya no quería saber nada y menos a distancia, estaba resignado y aparte tenía miedo a sufrir”, confiesa Miguel, que escuchó por primera vez a su novia a través del audio y fue cautivado por su voz dulce y romántica. En medio de teclados y pantallas se juraron amor, pero él, que es poeta y escritor quiso recurrir también a la magia de las cartas tradicionales. “Es que me interesaba saber cómo escribía, la letra que tenía. Un día le dije ´una foto tuya me gustaría tener para llenarla de besos cuando me despierto al amanecer´. Y al poco tiempo, el 11 de marzo, me mandó una carta que me mató, fue super romántica. Y ahí estaba la foto de ella, yo ya me la imaginaba así”.

Un futuro juntos

No pasó mucho tiempo para saber que con Laura había encontrado el refugio y el amor que le faltaba. Con la seguridad que ella le transmitió, sintió la necesidad de verla y el día que decidió emprender viaje fue para quedarse. “Iba a viajar para las vacaciones, pero adelanté el viaje y quise irme ya. Porque volví a creer en el amor y con una persona así siento que ya tengo mi futuro y mi vida asegurada. Me voy porque sé que es algo serio. Cuando le dije a una amiga lo que me había pasado, me contó de una historia que había salido en “El Periodista” de una pareja que se había conocido por Internet y eso también me impulsó a irme. A la gente Internet le ha abierto las puertas a otro mundo. A mí me permitió conocer a alguien que dice que me extraña, que quiere estar a mi lado ya, que no puede vivir más sin mí”, dice pocos días antes de emprender el viaje que le devolvió las esperanzas. Porque no sólo se comprometieron a casarse en agosto sino que ella le propuso ayudarlo para que pueda volver a caminar. “Me consiguió un kinesiólogo, ya que los médicos me dijeron que con una buena rehabilitación tengo posibilidades de volver a caminar. Tengo sensibilidad, pero me falta fuerza y que se estiren los tendones que están encogidos por estar tanto tiempo en la silla. Si me va bien se lo voy a agradecer toda la vida, quiero volver a caminar porque está ella”, asegura.
Con la valija repleta de sueños, Miguel partió hacia Misiones a mediados de abril, para encontrarse por primera vez, cara a cara, con su novia y futura esposa y transformar una relación virtual en un vínculo real. “El sueño de mi vida es casarme y transformar a mi pareja en una reina, que no le falte nada, así tenga que esforzarme el doble. Yo quiero darle todo y a veces siento que no lo estoy haciendo. Laura me dice que con el hecho de que vivamos juntos es suficiente, porque estoy renunciando a todo para estar con ella y su hija. Estoy seguro que Laura es el amor de mi vida y que va a ser la pareja perfecta. Y no tenemos miedo a decepcionarnos, porque estamos convencidos de que somos el uno para el otro”.

Desde misiones, la palabra de Laura

“Dios cumplió”

Laura está agradecida a Dios por haber puesto a Miguel en su camino. Desde Misiones, le contó a “El Periodista” su versión de la historia. Aquí la reflexión de una persona a la que el amor le cambió la vida

“Todo comenzó un día en que yo había decidido entrar a chatear, para ver como era el tema, fue un 14 de febrero de 2004. No era mi intención engancharme con nadie, pero no tardó mucho en aparecer el hombre de mi vida. Después de muchos sufrimientos, de muchas idas y venidas apareció él, la persona que estaba esperando, un ser increíble, maravilloso, romántico, cariñoso y apasionado. Al tercer día que entré al chat, se presentó de una forma increíble, directamente me pidió que fuera su esposa. Con esa propuesta me dejó helada, sin palabras, no podía creer lo que estaba pasando, no podía entender cómo una persona podía hacerme semejante propuesta sin conocerme ni saber nada de mí. Le contesté ´¿para cuando la relación de noviazgo?´ y un 17 de febrero comenzó esta hermosa, mágica y formidable relación, llena de amor, de un amor apasionado que se torna cada vez más fuerte e irrompible. En mis oraciones siempre le pedí a Dios, que la persona que él tenga preparada para mí me acepte tal como soy, con mi discapacidad y también que haga algo grande por mí y Dios cumplió. Miguel me aceptó como soy, con mi discapacidad, y sin pensarlo mucho decidió dejar toda una vida hecha en Tres Arroyos para venir, formar una familia y comenzar una nueva vida juntos”.

Fuente: elperiodista3a.com.ar

Share This Post

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

COMPARTE ESTA PUBLICACIÓN

Comparte para ver el contenido completo